miércoles, 15 de julio de 2009

Dos muertes evitables y el riesgo de un linchamiento moral

A contracorriente con matices


En las últimas fechas una cadena de errores y probablemente algunas negligencias han llevado a la muerte de forma sucesiva a una madre y a su hijo, de nacionalidad marroquí. Quiero creer que esto de la nacionalidad es una pura cuestión de azar y no de trato desigual; es decir, que esto mismo le podría haber pasado a una familia de nacionalidad española. De no ser así, a la tristeza y la compasión por estas dos muertes, al parecer perfectamente evitables, habría que añadir una seria preocupación por la sensibilidad ética de nuestra sociedad. Espero que no sea el caso.


Haciendo un poco de análisis resulta, cuando menos llamativa, la sucesión de idas y venidas al hospital de la primera víctima, sin que se diagnosticara convenientemente su dolencia (gripe A) y, en consecuencia, sin que se le aplicara el tratamiento indicado para superarla. Resulta difícil no pensar en algún tipo de falta de adecuación de los protocolos de los hospitales a la actual situación de pandemia y/o falta de finura en la aplicación de los mismos. Alguna responsabilidad individual y colectiva debe haber en este mal funcionamiento de lamentables consecuencias. Los medios de comunicación en general así lo han subrayado, aunque la mayoría de ellos sin cargar excesivamente las tintas.


Sin dejar de atribuir la importancia que tiene a esta primera muerte, quiero centrar especialmente mi atención en la segunda, la de Rayan, el niño recién nacido. Prácticamente todos los medios han recogido la noticia en lugares destacados y con grandes alardes tipográficos. Y casi todos lo han hecho, al menos en un primer momento, poniendo el acento en “un error terrorífico de una enfermera”, quizás recogiendo directamente lo del “error terrorífico” de las declaraciones tempranas del director del hospital.


Al escuchar los noticiarios de radio y televisión y al leer en la prensa esta primera noticia, pensé por supuesto en el dolor sobre dolor de la familia y en la fatalidad con que se ha visto golpeada doblemente en unos pocos días. Pero también me invadió un profundo sentimiento de compasión por la enfermera que reconocía su error como causa de la muerte del pequeño. Seguramente, aparte su familia más próxima, nadie habrá sentido más esta muerte que ella misma. No quiero, ni por lo más remoto, pasar por alto su error, y menos si ha existido algún tipo de negligencia; pero me parece sumamente exagerado hacer un subrayado tan grueso sobre su responsabilidad. Aun aceptando que no todos los despistes o errores que se tienen o cometen en el día a día en el ámbito laboral tienen los mismos efectos dramáticos, me gustaría que cada uno pensara en los que él mismo ha tenido o cometido y que, o han pasado desapercibidos o, en el peor de los casos, han tenido solo algunos efectos indeseados, pero no demasiado graves. Esa es la gran diferencia, por más que el despiste o el error se den en todos los casos.


Afortunadamente, a medida que pasan las horas y los días, los medios de comunicación han ido dejando de poner el acento en subrayar la responsabilidad individual de la enfermera en cuestión para insistir en los factores estructurales que han contribuido a convertir en irreversible un error humano. El primero, la existencia de dos tomas con el mismo calibre para conectar dos vías con distinta función: una nasogástrica para la alimentación del paciente y una intravenosa para la medicación. El segundo, la inexistencia de un dispositivo que hiciera saltar una alarma sonora cuando, eventualmente, se pudiera producir este error. Precisamente el hospital pensaba instalarla en fechas próximas. Si iba a hacerlo es porque consideraba previsible la posibilidad de un error humano del tipo del que desafortunadamente se ha producido.


Me limitaré a destacar estos dos aspectos, aunque también podría referirme a los desajustes estructurales de las plantillas de los hospitales, a los desplazamientos frecuentes del personal de unos puestos a otros y al peligro adicional que significa la concentración de las vacaciones del personal de plantilla en estos meses, lo que traslada responsabilidades no siempre bien medidas a personal poco experto.


¡Ojo! No quiero con esto exculpar a la enfermera en cuestión. La investigación de lo ocurrido depurará responsabilidades. Pero sí que me parece excesiva la forma en que se han cargado las tintas sobre ella, sin que se viera en la mayor parte de los casos un ápice de compasión.


Hasta aquí mi personal reflexión. Buenos días y hasta la próxima

sábado, 11 de julio de 2009

Sobre la propuesta de estabilidad del PNV


Leo en la prensa de hoy la noticia de que el PNV, a través de su presidente Iñigo Urkullu, ha presentado al PSE y al PSOE una propuesta para una legislatura con estabilidad institucional, referida en principio a las instituciones de gobierno propias del País Vasco (Gobierno, Diputaciones y Ayuntamientos), pero extensible a las instituciones de gobierno del Estado. Y todo ello con ánimo de dar una respuesta colectiva consensuada a las dificultades y retos que trae consigo la situación de crisis actual. Para tener una idea cabal del contenido fundamental de la propuesta he querido escucharla en la voz de quien la hace y aquí mismo dejo la dirección que he utilizado por si alguien lee estás reflexiones y quiere también hacerlo.

http://www.eaj-pnv.tv/iptb.php?language=es&idkatea=1

Quien haya seguido asiduamente las entradas de este blog, especialmente las que se hicieron en los aledaños de las elecciones autonómicas (antes y después de la configuración del nuevo gobierno vasco), tendrá muy clara mi posición francamente crítica con el PNV y con el propio Urkullu en esos días. Primero con motivo de su contumacia en proponer a un candidato como Ibarretxe, cuya deriva soberanista hacía inviable cualquier acercamiento conciliador entre dos mitades de la población vasca con sensibilidades muy diferentes relativas a la propia identidad y a la configuración política del país. Luego con sus desafortunadas declaraciones postelectorales, que presagiaban una actitud resentida como efecto del desalojo del poder, tras un periodo muy prolongado en el mismo. Recuerdo que en alguna de aquellas entradas consideraba con simpatía la posibilidad de que pudiera intentarse un gobierno de coalición improbable entre los tres partidos mayoritarios. Y ello en aras tanto de configurar un gobierno fuerte que fuera capaz de responder a los retos de la crisis económica, como de facilitar acuerdos entre partidos para llevar a la práctica una acción política trasversal, capaz de conciliar posturas y actitudes de tan diferentes sensibilidades, convirtiendo en mucho más llevadera y amable la convivencia en la discrepancia.

Siendo así, supongo que a nadie extrañará que me suene bien una propuesta en la que, por fortuna, y de forma excepcional, no se pone el acento en resaltar y acentuar las diferencias, sino en buscar puntos de encuentro para abordar los problemas importantes que afectan a la ciudadanía. Me suena bien que se hable de llegar a acuerdos sobre garantía para los servicios sociales, sobre a apoyo a empresas, sobre inversión pública como elemento tractor, sobre fiscalidad y sobre empleo; y todo ellos desde un compromiso de lealtad entre los firmantes de posibles acuerdos. Para ser sincero me asombra que, dadas las circunstancias actuales, no haya habido aún iniciativas sólidas, semejantes a ésta, presentadas por los partidos de gobierno, tanto del estado como de las autonomías; propuestas hechas con sinceridad, sin demagogia y con ánimo de llegar a acuerdos sólidos, sin contaminación de planteamientos raquíticos de carácter electoralista, pensando tan sólo en el beneficio de los ciudadanos, especialmente aquellos a los que la crisis actual está situando en los bordes, cuando no en los vertederos del sistema.

Me gusta esta propuesta, por lo mismo que me gustan todas las propuestas constructivas, todas las que invitan a la reflexión y el diálogo como instrumento para abordar los problemas. Y sin embargo, me temo que empezarán a ponérsele peros y obstáculos que le impidan progresar. Ya empiezan a aparecer: Que si es una propuesta que busca evitar la pérdida de la Diputación de Álava; que de lo que trata el PNV es de mantener la imagen de ser un partido de gobierno; que, si piensan así, por qué no hicieron la propuesta cuando estaban en el gobierno en vez de insistir tanto en la consulta (principal elemento de discordia), etc., etc. Y no voy a ser tan ingenuo como para pensar que no pueda haber algo de eso. Pero por qué no pensar que, desaparecido de la escena política el principal impulsor y catalizador de la obsesión soberanista de un sector del nacionalismo -léase Ibarretxe- salen a relucir en el PNV las posiciones más inteligentes y conciliadoras que, sin renunciar a sus planteamientos nacionalistas, entienden que, en el corto plazo, la situación de crisis actual exige consensos amplios para hacerla frente, y que, en el largo plazo, la sociedad vasca no puede vivir permanentemente tensionada por el radicalismo y exige de sus políticos, sean o no nacionalistas, una visión y una acción política de carácter trasversal que facilite una convivencia creadora.

Como conozco el percal, sé que algunos pensarán que soy un ingenuo. Tal vez. Pero para una vez que aparece una propuesta constructiva y conciliadora, que apela a la lealtad entre partidos, creo que nadie debería menospreciarla. Es preciso dar una oportunidad a la esperanza.

Nada más por hoy. Buenos días y hasta la próxima.

sábado, 20 de junio de 2009

A propósito del último asesinato de ETA

Esta vez sin matices



Un nuevo atentado terrorista. Un nuevo insoportable crimen con una víctima directa e incontables víctimas indirectas a distintos niveles: su mujer y sus hijos, sus demás familiares, sus amigos, sus compañeros ….Pero también todos los que, desde las mas diversas ideologías, alineamientos y simpatías políticas creemos en una sociedad capaz de gestionar en paz las discrepancias por importantes que éstas sean. Por eso hoy, como tantas otras veces a lo largo de las últimas décadas, yo también me siento víctima, con el conjunto de la sociedad vasca, de este asesinato. Un asesinato, como todos los anteriores de ETA, enraizado en el fanatismo, planificado desde la estrategia del terror, y ejecutado desde una despreciable ética utilitarista en la que no importan los medios para conseguir los objetivos. Una ética por lo demás cínica y de doble rasero, puesto que quienes la defienden para sí no la soportan (y, mira por donde, en eso coincidimos) cuando la practican los oponentes. ¿Qué le vamos a hacer? Así funcionan los fanatismos.


Pero he dejado dicho que toda la sociedad vasca es víctima de éste y de todos los atentados de ETA. Bastaría con echar una mirada retrospectiva para verificar la amplísima gama de víctimas directas: guardias civiles, policías nacionales, ertzainas, militares de distinta graduación, cargos políticos y militantes de distintos partidos (preferentemente del PP y PSOE, pero también alguno del PNV), periodistas, jueces, empresarios, e incluso algún cocinero, por referirme a algunos que me vienen a la mente en este momento. Y junto a ellos todos sus familiares, amigos y colegas. Esto si hablamos sólo de atentados contra la vida y la salud física de las personas. Porque además están las extorsiones a empresarios, apresados en la disyuntiva de no pagar y vivir atenazados por el temor por sus vidas y la de sus familiares o, por el contrario, de pagar y vivir sometidos a la mala conciencia de que, con sus pagos, pueden estar contribuyendo, sin desearlo, a la muerte de otras personas.


Esto por no hablar de la degradación moral a la que se vio sometida una gran parte de la sociedad vasca en los años de hierro del terrorismo de ETA, allá por los años 70 y 80; justo cuando la sociedad española realizaba su transición a la democracia en medio de resistencias y dificultades. Esa fue la época dura de soledad de las víctimas, llena de silencios y de vacíos, cuando no de solapadas complicidades, de disculpas y justificaciones (“algo habrá hecho”), a menudo enmascaradoras del miedo.


Me referiré también, en último lugar, a los daños materiales directos en atentados contra fábricas, almacenes, medios de transporte, etc. etc., a los que también ha contribuido la “kale borroka”. Pero también a los efectos económicos indirectos, menos tangibles y más difícilmente cuantificables, pero sin duda importantes, derivados de la presencia y actuación de ETA, especialmente en las últimas décadas: disminución de la inversión externa, huída de empresarios y capitales, reticencias de posibles visitantes a hacer turismo en el País Vasco, etc. Seguro que todo esto tiene su importancia, pero no es en absoluto comparable con el valor de los cientos de vidas humanas arrancadas, con los miles y miles de vidas afectadas directa o indirectamente por el terrorismo, y con una cierta enfermedad moral que ha afectado a gran parte de la sociedad vasca durante algún tiempo. Una enfermedad de la que, afortunadamente, muestra hoy claros síntomas de recuperación.


Lamentablemente permanece aún ese sector irreductible representado por ETA y quienes, por fanatismo o por miedo, siguen alentando su permanencia y actuación, amparándose en el argumento de que condenar las acciones de ETA no soluciona el conflicto. Es posible que no lo solucione, pero ayudaría a hacerlo. Por eso hoy, a pesar del tenor que quiero mantener en este blog, no me queda otra opción que expresar mi desprecio sin matices para ETA por sus atentados y para quienes, explícita o tácitamente, los justifican o disculpan.


Es todo por hoy. Buenos días y hasta la próxima.

sábado, 23 de mayo de 2009

“Memoria de Euskadi”: Un libro para leer

Se trata de un libro de reciente publicación del que estoy terminando una primera lectura y del que pienso hacer una segunda más detenida. Y eso a pesar de sus más de mil trescientas páginas. ¡Tan interesante me parece! He de confesar que la noticia de su publicación, y a pesar del interés del tema, no me hizo ir corriendo a la librería para devorarlo. Su autora, María Antonia Iglesias, conocida por su trayectoria como directora en su día de los servicios informativos de TVE, y, más recientemente, como tertuliana en diferentes medios de comunicación -como casi todos, perfectamente alineados-, no la convertían precisamente en santo de mi devoción. Sus afirmaciones casi siempre “sobradas” y carentes de matices me han resultado a menudo formalmente antipáticas incluso cuando en ocasiones mi pensamiento coincidiera con el suyo. Su agresividad y su arrogancia al plantearlas, su menosprecio y falta de respeto de las opiniones ajenas, me han producido casi siempre una notable sensación de rechazo.


Como puede apreciarse, he superado mis reticencias y he terminado por adquirirlo y además por leerlo con verdadera fruición. Mi curiosidad intelectual y mi deseo de no dejarme llevar por los prejuicios ya me inclinaban a hacerlo. La recomendación de un buen amigo y una lectura parcial del prólogo de Javier Elzo y de la introducción de la autora, hecha a salto de mata en la propia librería, terminaron por quebrar mis reticencias. Y, desde luego, no me arrepiento en absoluto. Me parece una publicación cuya lectura resultará de suma utilidad a quienes tengan curiosidad por aproximarse a entender la historia del denominado “conflicto vasco” en el último medio siglo, y especialmente en los últimos 35 años.


El libro consta de dos interesantes prólogos, uno del sociólogo vasco Javier Elzo y otro de Daniel Innerarity, filósofo y ensayista, premio nacional de literatura 2004 en la modalidad de ensayo. Ambos, junto con la introducción de la autora ayudan en su lectura. Ahora bien, lo fundamental y lo realmente interesante del libro son las confesiones personales de los treinta y dos personajes muy bien elegidos y muy bien entrevistados por María Antonia Iglesias. Son todos los que están, aunque faltan algunos que no han querido estar. La autora ha tenido, por lo demás, el buen gusto y el acierto de dejar todo el protagonismo a los entrevistados hasta el punto de que ni siquiera aparecen en el texto sus preguntas. Unas preguntas que se adivinan, sin embargo, por debajo y que se aprecian certeras.


A lo largo de las páginas del libro los entrevistados van desgranando su visión de los acontecimientos de los últimos cincuenta años (desde la aparición en escena de ETA), su participación en ellos y la justificación de la propia actuación, su percepción e interpretación de las actitudes y actuaciones de los demás personajes y agentes de la vida política, amigos y aliados, adversarios y enemigos. Esto permite una visión caleidoscópica y entrecruzada de los acontecimientos y de las interpretaciones de los mismos. Esto posibilita también al lector situarse ante los hechos y analizarlos desde los diferentes enfoques y perspectivas y enriquecer así su visión de los mismos, percibiéndolos en toda su complejidad. También hace posible una aproximación al conocimiento de las ideas, motivaciones y comportamientos de los protagonistas, tanto por lo que ellos explican sobre sí mismos y su acción política, como por lo que los otros piensan sobre ellos y sus actuaciones. Y lo cierto es que no todos salen muy bien parados de la prueba. Algunos, en mi opinión, terminan peor parados por lo que dicen de si mismos, de los suyos y de los adversarios, que por lo que dicen los demás sobre ellos. Se trata sobre todo de aquellos que son incapaces de hacer autocrítica de sus propios errores y de reconocer a los demás sus aportaciones. Un comportamiento que adquiere su peor perfil cuando se acompaña de insultos dirigidos a propios y extraños.


En próximas fechas, si no cambio de idea, tengo pensado dedicar algunas entradas del blog a recoger el perfil que se dibuja en el libro de algunos de los personajes más relevantes, a partir tanto de lo que ellos mismos dicen, como de la visión que se desprende de las opiniones y juicios de valor de los demás. Si tengo que elegir, me quedo para empezar con Arzallus, Josu Jon Imaz, Ramón Jaúregi y Patxi López. Tal vez también con Ardanza, Mayor Oreja y Regina Otaola, por ampliar el abanico. Ya veremos.


De momento nada más por hoy. Un saludo y hasta la próxima.


¡Ah! Se me olvidaba. El libro de referencia está editado por Aguilar en 2009 y su precio es de 30 euros.

jueves, 21 de mayo de 2009

Frente a sectarismos y simplificaciones


Para empezar mi reflexión recojo aquí unas viñetas de Ricardo, tomadas del diario El Mundo que son en sí mismas un editorial crítico frente a los sectarismos. En este caso se trata de sectarismos de partido con motivo de un acontecimiento de actualidad en la Comunidad Valenciana que afecta al PP.


Como puede verse, se trata de una crítica certera a la doble vara de medir que, lamentablemente, suelen aplicar nuestros partidos políticos al enjuiciar los comportamientos de los suyos y de los otros. Triste pero real.


Claro que, puestos a reflexionar sobre sectarismos y simplificaciones o, por decirlo de otro modo, de simplificaciones sectarias, quiero referirme brevemente también a la más reciente, en este caso con el PSOE como protagonista. Me estoy refiriendo a los videos publicitarios de su campaña para las elecciones europeas. Difícilmente puede uno imaginarse algo más simplificador. Me atrevería a decir, si me apuras, que me parecen un insulto a la inteligencia, incluso como diría un amigo mío, para la inteligencia del tonto medio en Suecia. Aunque seguramente casi todo el mundo los ha visto por televisión, aquí dejo el enlace de uno de ellos para que cada uno juzgue.


http://www.youtube.com/watch?v=Hz4je52ke6w


Y, ya puestos a criticar simplificaciones, no puedo evitar referirme a la que me ha despertado esta mañana escuchando una cadena de radio. Lamento no poder hacer la cita de manera rigurosamente textual (los años no pasan en vano), pero se trata muy aproximadamente de la siguiente formulación, hecha en un resumen de noticias: “La Iglesia Católica viola y maltrata a miles de niños”.


Para interpretar una formulación tan simplista se me ocurren, tres posibles explicaciones y, desde luego, ninguna de ellas dice nada bueno para el autor o autores. O se trata de una simplificación irreflexiva del redactor, en plan tópico de moda; o se trata de una prueba de la incapacidad de quien la hace para distinguir la parte del todo; o se trata simple y llanamente de zaherir a una institución que al autor le resulta antipática.


No voy a convertirme aquí en un defensor ingenuo y acrítico de una institución como la Iglesia, y especialmente de la Iglesia jerárquica. A lo largo de la historia ha habido suficientes pronunciamientos y actuaciones de muchos de sus miembros, incluidos sus más altos jerarcas, como para que resulte una tarea más que complicada. Pero, pese a todo, la afirmación de referencia, formulada de manera tan burda, me parece tremendamente injusta para una gran cantidad de católicos que, formando parte de esa iglesia, no sólo no tienen nada que ver, sino que deploran profundamente las actuaciones y comportamientos de referencia y dedican buena parte de su vida a ayudar a los más desfavorecidos, asumiendo tareas extraordinariamente incómodas. ¿Es que ellos no forman parte también de esa Iglesia Católica? ¿Acaso son también ellos culpables?.


Pero no sólo me preocupa ese carácter injusto de una afirmación tan poco matizada. Quiero llamar especialmente la atención sobre la incapacidad para la fineza lingüística o sobre el escaso rigor intelectual de quienes, en tareas de comunicación en medios de reconocido prestigio social, son capaces de hacer formulaciones tan escasamente rigurosas, por no decir tan profundamente simplistas. Una pena.


Es todo por hoy. Buenos días y hasta la próxima

lunes, 11 de mayo de 2009

Los blogs de Urkullu y Anasagasti: pretexto para una reflexión


Me acabo de dar un paseo por los blogs de Iñigo Urkullu y de Iñaki Anasagasti. Me apetecía ver como respiraban dos figuras del nacionalismo vasco, uno presidente del Euskadi Buru Batzar y otro con una larga trayectoria como miembro del Congreso y del Senado. Ya me he referido en otras entradas de este blog a las primeras reacciones un tanto airadas de algunos dirigentes a la intención del PSOE (hoy ya realidad) de encabezar el gobierno vasco con el apoyo del PP. Ahora quería ver también sus manifestaciones a más corta distancia y pulsar a la vez la opinión de quienes incorporan sus comentarios en los citados blogs (en su gran mayoría nacionalistas). He podido constatar, y no me ha extrañado gran cosa, que la casi totalidad de los mismos respiran por la herida. Al fin y al cabo todos los partidos políticos que pierden el poder suelen hacerlo. Es siempre más fácil culpar de nuestros males a la perversidad del contrario que hacer una saludable autocrítica. En el ámbito estatal, cuando el PSOE pierde el poder culpa de su derrota a las campañas de difamación de sus rivales y de los medios afines. Cuando lo pierde el PP atribuye su derrota a las injurias y mentiras de los rivales ampliadas por los suyos. No voy a quitarles una parte de la razón, ya que, en este país cainita, las campañas electorales se basan más en el desprestigio del contrario que en la presentación de propuestas en positivo. Sin embargo a la hora de repartir responsabilidades creo que todos deberíamos ser mucho menos indulgentes con nosotros mismos y tener la capacidad de aceptar, en lo privado y en lo público, que, así como nuestros éxitos se deben en buena parte a nuestros aciertos, también nuestros fracasos se deben al menos en la misma proporción a nuestros propios errores. Y creo que es bueno, desde luego para la higiene democrática, pero hasta para la salud mental, reconocerlo.

A la vista de los que suele ser el ejemplo de los dirigentes de los partidos, no me sorprende, que muchos de los militantes de base que dejan sus comentarios en los citados blogs atribuyan el desalojo del poder del PNV a “las mentiras de Patxi López y del PSE” o “al cinismo del PP, que apoya en Euskadi a quien denuesta en Madrid”; o alternativamente “al afán revanchista de ambos”, “a su ánimo de deshacer todo lo bueno que por este país y su cultura ha hecho el PNV”, o “a su deseo de convertir a Euskadi en una región más de la España Una”. Al fin y al cabo el tono no difiere mucho del que se aprecia- en los comentarios postelectorales en otros ámbitos (municipales, autonómicos, estatales), ya sea en las tribunas públicas, ya en blogs semejantes de personajes de otros partidos. Es hasta cierto punto comprensible, pero tan triste como escasamente compatible con un análisis riguroso. En la realidad, ni nosotros ni los nuestros (si los tenemos) somos tan buenos, ni los otros, incluidos nuestros adversarios políticos (si también los tenemos), son tan malos. A no ser que, incluso manifestándose partidarios de una sociedad laica, militantes y simpatizantes de los distintos partidos se hayan (nos hayamos) convertido en fieles seguidores de una religión distinta, la del partido en el que militan o del que son-somos, simpatizantes. De un modo u otro corremos el riesgo de convertirnos en paradojas ambulantes, críticos de los dogmatismos religiosos y .llamativa y conmovedoramente acríticos y fieles a la “religión” del partido.

Vamos a ver. ¿Por qué no podemos aceptar –incluso desde nuestras más profundas convicciones- que nadie (persona o partido) está en posesión de toda la verdad, que nadie (persona o partido) tiene “la solución” a todos los problemas, qué nadie (persona o partido) tiene “la respuesta” a todos los interrogantes y desafíos que nos plantea el presente y que nos seguirá planteando el futuro? ¿Por qué una fidelidad mal entendida, rayana con la profesión de fe, perturba tanto la inteligencia de personas reconocidamente capaces como para impedirles aceptar los propios errores y captar lo de positivo que pueden tener las ideas y planteamientos de los otros, incluso si se trata de rivales políticos?. Porque, si no se trata de algún tipo de enajenación mental transitoria, estaríamos hablando de cinismo puro y duro.

Creo sinceramente que hemos de ser capaces de respondernos con honestidad y sin engañarnos a estas preguntas. Es necesario que todos lo hagamos si queremos buscar respuestas y soluciones democráticas a los interrogantes y problemas que se plantean a la sociedad de hoy, una sociedad coyunturalmente afectada por una muy dura crisis económica, pero que tiene además serios problemas de adaptación estructural a una nueva época de globalización y de aceleración de los cambios. Esta sociedad no puede permitirse que ninguna idea inteligente, ninguna propuesta constructiva, sea menospreciada por el solo hecho de que no se nos ha ocurrido a nosotros o a los nuestros. Todas las personas, todos los grupos tienen alguna vez buenas ideas y buenos argumentos para sostenerlas. Sería bueno por ello que todos también desarrolláramos una mente abierta para escucharlas, la suficiente inteligencia para reconocerlas y la necesaria dosis de generosidad para reconocer el mérito de quien las aporta, incluso si se trata de un rival político.

Para terminar, quiero hacer un bucle y volver al detonante de esta reflexión. Entiendo que los militantes y simpatizantes del PNV se sientan inquietos. Es lógico. Hasta ahora su partido ha marcado durante muchos años las líneas básicas de gobierno del País Vasco, a veces en solitario y en algunas otras en coalición con diferentes partidos (recuerdo con nostalgia los gobiernos de coalición de Ardanza). Frente a los que les niegan el pan y la sal, soy de los que creen que todos los gobiernos han hecho cosas positivas, incluso muy positivas, para la sociedad vasca en los ámbitos económico, social, sanitario, etc.. Valoro incluso muy positivamente aspectos sistemáticamente criticados por algunos, como el esfuerzo hecho en el campo de la recuperación y desarrollo de la cultura propia. Y eso a pesar de que no siempre he estado de acuerdo con determinadas decisiones y con las formas de llevarlas a la práctica. Pero, como ya he dejado constancia en otras entradas, valoro también muy negativamente la incapacidad mostrada por el último gobierno, y especialmente por su lehendakari, para entender en la práctica el carácter plural y pluricultural de esta sociedad y la necesidad de que quien gobierne lo tenga convenientemente en cuenta. Su terquedad en un planteamiento radicalmente soberanista, que divide también radicalmente a la sociedad vasca, lo considero un error; como también creo que lo considera un sector muy importante de su propio partido. Ya sé que algunos dirigentes históricos así lo querían y que también lo defienden muchos militantes de base (se puede ver en los blogs de referencia), pero no creo que eso sirva de justificación suficiente para un líder responsable. Cuando una sociedad está divida, lo inteligente es buscar puntos de encuentro. Acentuar las grietas yo diría, si no me lo impidieran los principios fundacionales de este blog, que es simplemente funesto.

Por eso mismo quiero concluir mi reflexión expresando el deseo y la esperanza, y no se seguro si la confianza, de que el gobierno del PSE, encabezado por Patxi López, sea capaz de cumplir su compromiso expreso de gobernar para todos y contra nadie, de gobernar escuchando, de tener muy presentes a todos los ciudadanos, de buscar puntos de encuentro y de no hurgar innecesariamente en las heridas.

Es todo por hoy. Buenas tardes y hasta la próxima

miércoles, 6 de mayo de 2009

De ibarretxes y de lópeces


Garaikoetxea, Ardanza, Ibarretxe y … López. Si el presidente de los Estados Unidos de América se apellida Obama y es un negro de origen africano, no alcanzo a comprender como todavía hoy puede haber en el País Vasco quienes sientan un fuerte sarpullido ante el hecho de ver asociado el título de lehendakari con el apellido López. Al fin y al cabo fue Don Diego López de Haro quien convirtió la aldea marítima de Bilbao en villa el 15 de junio de 1300. Cosas de la historia. Una historia que nos explica de forma continua cómo no hay realidad social que permanezca inmutable con el paso del tiempo. Todo en la vida fluye.Y lo hace de tal modo que una parte constitutiva de la realidad, incluso de las que pretenden mantener la apariencia de una gran estabilidad, es el hecho de ser eso, histórica, y por tanto evolutiva y cambiante. De tal modo es así, que cualquier estructura social actual es el resultado, junto con los inevitables condicionamientos naturales, de la interacción de las personas y grupos que la han ido configurando a lo largo del tiempo, con tensiones, con acuerdos y desacuerdos, con interferencias e interacciones sociales, culturales, políticas, etc. Y, para entenderlo no hace falta ir muy lejos. Basta echar una ojeada a cómo en los últimos años nuestra sociedad se ha convertido en una sociedad progresivamente más multicultural y multiracial, como resultado de unos flujos de una envergadura hasta hace poco desconocida, que acompañan a la globalización.

Parto de esta reflexión para aterrizar en el reconocimiento del hecho de que la sociedad vasca actual es como es: desarrollada, multicultural, dinámica y bilingüe, políticamente compleja y con sentimientos de pertenencia desigual entre sus ciudadanos. Es la sociedad construida por los Goikoetxea y los Llorente, por los Goirizelaia y los Gómez, por los Ibarretxe y los López, como resultado de sus relaciones de colaboración y conflicto, de convivencia y explotación, de acuerdos y desacuerdos, de encuentros y desencuentros, distribuidos de forma desigual a lo largo del tiempo. Es la sociedad del PNV y de EA, y de Aralar y de sus apoyos, pero también la sociedad del PSE, del PP, de EB y de UPyD y los suyos. Dicho de otro modo, es una sociedad políticamente dividida, prácticamente por mitades, entre quienes apoyan a partidos nacionalistas y quienes lo hacen a otros partidos. Y no hay, en mi opinión, ninguna razón para suponer que unos quieran más que otros a su país. Simplemente lo quieren de manera diferente.

Desde esta consideración, creo que comete un grave error quien desde una posición política respaldada, en el mejor de los supuestos, por la mitad de la población, pretenda gobernar sin tener en cuenta o directamente en contra de la otra. Esa es la sensación que ha tenido la parte no nacionalista de la población con los planteamientos soberanistas radicales, especialmente en la última legislatura, del ya exlehendakari Ibarretxe. Desde esta misma consideración espero del próximo gobierno de Patxi López una acción política de carácter trasversal, que no vaya en contra de nadie –excepción hecha de los violentos- y que busque la colaboración con los sectores del nacionalismo –que los hay- partidarios también de esa trasversalidad. Ya me gustaría también –y no pierdo la esperanza- que esta retirada a los cuarteles de invierno sirviera al PNV, con Urkullu a la cabeza, para recuperar esa corriente, tan bien representada en su día por su predecesor, Josu Jon Imaz. Ya me gustaría también que el PP modulara a su vez sus posiciones para favorecer aproximaciones creadoras. Reconozco que el discurso de ayer de Ibarretxe no invita demasiado al optimismo, como tampoco invita el hecho de que el portavoz del PNV en el parlamento vasco siga siendo Egibar. Pero, tiempo al tiempo; en la vida todo fluye y las cosas pueden cambiar. No es que yo sea un optimista antropológico, como Zapatero, pero no me gusta dimitir de la esperanza de un feliz encuentro entre los ibarretxes y los lópeces.
Es todo por hoy. Hasta la próxima