lunes, 21 de septiembre de 2009

Estrategia frente a improvisaciones y ocurrencias


Partiré en esta reflexión del hecho, difícilmente objetable, de que un factor decisivo de la crisis económica que venimos padeciendo –por cierto que no todos por igual- han sido las prácticas intolerables con que un buen número de ladrones de guante blanco nos han obsequiado, manejando con una codicia sin límites los resortes del sistema financiero internacional. Tendré en cuenta también la debilidad estructural de algunas de las bases de la economía española en las épocas de presupuestos generales del estado con superávits; esa “época dorada” en que nuestros políticos presumían de la fortaleza de nuestra economía. Me referiré expresamente a un par de ellas especialmente relevantes: la hipertrofia del sector de la construcción, estimulada por la inversión especulativa en el ladrillo, y el importante peso relativo de la actividad económica relacionada con el turismo. Y esto por citar sólo algunos de los factores internos de vulnerabilidad de nuestra economía.

Está claro, pues, que estamos ante algunos factores que han afectado de manera parecida a todas las economías y otros que han contribuido a agravar la crisis de la economía española. La responsabilidad de la presencia de los primeros tendrían nuestros gobiernos que repartírsela con los gobiernos de los demás países por no haber regulado y vigilado de forma mucho más rigurosa los comportamientos codiciosos e irresponsables de los gestores de los grandes y no tan grandes bancos. Y, por lo que afecta a los segundos, los específicos de la economía española, el actual gobierno tiene sus propias responsabilidades, seguramente compartidas con gobiernos anteriores que no fueron capaces o no quisieron ver los riesgos estructurales de nuestra economía para poder corregirlos y/o paliarlos. Quedaba mejor y daba más votos la autocomplacencia y el autobombo: “¡Joder que buenos somos, que hemos superado a Italia y estamos a punto de hacerlo con Francia!”

Claro que, así las cosas, resultaba difícil aceptar que éramos vulnerables ante la crisis, y que lo éramos en mayor medida que otros países de nuestro entorno económico y político. Y sobre estas premisas se asienta –cuando aflora la crisis- el rosario de afirmaciones, ocurrencias y actuaciones de nuestro gobierno actual –y especialmente de su presidente- desenganchadas de cualquier sistema estratégico coherente para enfrentarse a la crisis. Una falta de estrategia que algunos denunciaron de forma temprana y que otros, que ahora le ven las orejas al lobo, no supieron o no quisieron ver por su alineamiento acrítico o interesado con el gobierno. Claro que las estadísticas del paro, los pronósticos oscuros de la OCDE y el endeudamiento público galopante, que amenaza con impedir o retrasar cualquier conato de recuperación, parece que van terminado por ganar crédito frente a los desmentidos al uso de nuestro optimista antropológico.

Curiosamente son ahora algunos de aquellos a los que con más apasionamiento he visto defender la actuación de nuestro presidente hasta hace muy poco, los que empiezan a considerarlo insolvente y a clamar por un gobierno de consenso entre el PSOE y el PP encabezado por alguien como Almunia, Bono, ¡o incluso Felipe González!, con mejor capacidad que Zapatero para liderar algo semejante (hoy he escuchado con asombro a alguno de ellos esta propuesta). Y que conste que personalmente creo que sería muy conveniente, y tal vez incluso necesario. Los alemanes lo han hecho, aunque haya sido por una cuestión de aritmética electoral, y parece que no les está yendo nada mal.

Lo que desde luego ni ha sido ni es de recibo es el tratamiento que nuestro gobierno ha venido haciendo de la crisis desde la aparición de los primeros indicios hasta el momento crítico por el que andamos todavía navegando, con un rumbo incierto, cuando ya los Estados Unidos y buena parte de los países europeos están saliendo de la recesión.

Para empezar empezó por negarse la crisis y por llamar antipatriotas a quienes osaban mentar a la bicha. “No estamos en crisis -se decía- se trata de una lenta desaceleración”. Más tarde, cuando empezó a acelerarse el paro se cambió el discurso y se empezó a aceptar que “es verdad que estamos entrando en un periodo de crisis, como los demás países, pero nuestra economía es fuerte y la vamos a superar bien, porque estamos mejor preparados que nunca; en todo caso, los que hablan de recesión mienten o exageran y su comportamiento sigue siendo antipatriota”. Luego los datos vinieron a confirmar que estábamos entrando en recesión y , como ya no era posible negar la evidencia, se puso el acento en el mal de todos y en la responsabilidad de los factores externos. Reconocido el hecho, se tomaron las medidas acordadas internacionalmente para hacer frente a la crisis financiera y se empezaron a poner algunos parches para actuar sobre los factores internos, aunque sin enmarcarlos una estrategia global bien definida; o al menos esa es la impresión que tenemos. Sobre todo porque algunas medidas y los argumentos que se proponen para apoyarlas son de ida y vuelta. Como un ejemplo más que ilustrativo nos referiremos a las medidas de carácter fiscal, especialmente de actualidad a día de hoy.

En efecto, quienes hicimos nuestra declaración de la renta del pasado ejercicio pudimos deducirnos los ya célebres 400 euros, como resultado de una decisión de gobierno que se suponía útil para hacer frente a la crisis: “Puesto que el consumo ha disminuido y con él la actividad, dejemos más dinero en manos de los ciudadanos para que consuman más, la actividad aumente, disminuya el paro o aumente menos y, con ello, aumente también la recaudación a través de los impuestos indirectos y, de paso, que no se incrementen los gastos sociales” (Tiene su lógica. E incluso, desde esta perspectiva se llega a afirmar que bajar impuestos es también de izquierdas).

Pero claro, ahora estamos de vuelta. La crisis sigue ahí, el paro aumenta, los gastos sociales se disparan (y lo seguirán haciendo si el paro no se contiene) y para hacerlos frente se llega a la conclusión que lo que hay que hacer es subir los impuestos para hacerlos frente (fuera la deducción de los 400 euros; ahora lo que es de izquierdas es aumentar los impuestos). Pero, con ello se corre el riesgo de invertir el círculo virtuoso del supuesto anterior: Si se detrae más dinero a los ciudadanos, consumirán menos, la actividad disminuirá y aumentará el paro, y con él los gastos sociales. De paso disminuirá la recaudación de impuestos indirectos y aumentará el déficit.

No soy un experto para valorar con rigor hacia donde nos lleva cada una de las opciones o las diferentes combinaciones posibles, pero lo que sí me permito opinar es que el camino adecuado para una salida de la crisis no puede ser el resultado de ocurrencias e improvisaciones, más o menos demagógicas, para salir del paso, sino en el diseño de una estrategia coherente, bien definida y bien explicada, y si es posible consensuada entre los partidos, de forma que una vez conocida, podamos creérnosla y , si es necesario, asumir los sacrificios que nos exija a cada uno. Lo que no es de recibo es asumir que inexorablemente caminemos hacia un 20 por ciento de parados. Y parece ser que estamos en el camino.

Nada más por hoy. Buenas tardes y hasta la próxima.Justificar a ambos lados

De la complacencia al resentimiento

En uno de mis comentarios de hace algún tiempo me quejaba yo de la escasa pasión que sienten nuestros medios de comunicación por la independencia y también de su, al parecer , irreprimible tendencia al alineamiento político, bien sea con el partido en el poder o bien con el que aspira al mismo con posibilidades reales de alcanzarlo. Haciendo un ejercicio extremo de “buenismo” podría concederse que se trata simplemente de una cuestión de identificación ideológica. Y no seré yo el que niegue que algún peso debe tener este argumento. En todo caso esto serviría sólo como un pobre atenuante de la forma melíflua y acrítica de enjuiciar la actuación de los afines, hagan lo que hagan, frente a la crítica sistemática y acerada de los contrarios, hagan también lo que hagan. Quiero dejar bien claro que no se trata de poner en cuestión el que los diferentes medios tengan su personalidad y sus opciones (éticas, ideológicas, políticas …) y que defiendan valores en los que creen. No es eso. De lo que se trata es de exigir que garanticen el rigor en la información y la independencia para la crítica de los afines, cuando esta proceda, y para el reconocimiento de las actuaciones positivas de los contrarios, cuando también proceda. Desafortunadamente no es eso lo habitual hasta el punto de que uno corre el riesgo de que alguien le asigne la categoría de “pepero” si le ve el lunes con El Mundo, el martes le consideren nacionalista si le ven leyendo Deia, y el miércoles se convierta en “sociata” si alguien le ve comprando El País ¿O ya no?.


Precisamente aquí quería yo llegar, porque resulta que, en las últimas fechas, es el País, un periódico que a lo largo de toda su trayectoria anterior ha dado suficientes muestras de apoyo y de complacencia con los gobiernos socialistas -a veces incluso bastante por encima de lo razonable- el que le viene dando los palos más duros (y no entraré a valorar si con razón o sin ella). Uno se pregunta qué es lo que ha cambiado. ¿Es que el gobierno socialista ha modificado sus valores y su forma de hacer política para adoptar otros, que se han hecho incompatibles con los valores y las ideas que soportan la línea del citado diario? Podríamos darnos con un canto en los dientes si la explicación fuera ésta, con un contenido ético o ideológico. Pero lamentablemente las cosas no son así, o no son así del todo, o no lo son preferentemente .


La cruda realidad es más pedestre, menos romántica, mucho más crematística. El grupo editorial del periódico, hasta ahora muy bien tratado por los gobiernos socialistas, y que aspiraba a mantener un trato de favor en la regulación de la TDT, ha visto defraudadas sus expectativas al ser considerado como uno más entre los que aspiraban a beneficiarse de la misma. Esa parece ser, y no otras, la razón de una mutación tan asombrosa.


Y no voy a entrar a valorar aquí si el citado diario estaba más atinado o era más justo antes, cuando actuaba con complacencia, o ahora que parece actuar de manera muy crítica, un tanto airada y, si me apuras, incluso despechada. No es ese el tema de esta reflexión, aunque probablemente merezca otra distinta. La cuestión es que tenemos una prensa que no nos la merecemos …, o tal vez sí por no ser capaces de ser más exigentes con ella y reclamar que sea más abierta, más libre en la crítica, menos alineada y menos mendiga de favores del poder.

martes, 8 de septiembre de 2009

De regreso

Buenos días y bienvenidos/as

De vuelta de vacaciones retomo contacto con mi blog. Y nada mejor que hacerlo dejando constancia en imágenes de mi última actividad de ocio en estos días de finales del verano; un viajecito por la Toscana y sus aledaños. Aunque está hecho en plan aficionado y sin muchos matices, puede servir para ofrecer una imagen de las ciudades visitadas. Algunas son verdaderamente bonitas.

En próximas fechas volveré a mis reflexiones, deliberadamente matizadas, aunque también comprometidas, con los temas de actualidad.

Aquí están las imágenes




Un saludo y hasta la próxima

lunes, 20 de julio de 2009

Lenguaje sexista: por una revisión sin extravagancias

Basta con tener un conocimiento básico de la historia pasada, y tan solo un poquito de sensibilidad, para percatarse de los numerosísimos rasgos de machismo que han caracterizado a nuestra sociedad a lo largo del tiempo. Algunos han ido afortunadamente desapareciendo o mitigándose. Otros todavía persisten, ya sea claramente a la vista, ya convenientemente camuflados. Es decir, que todavía hay camino por andar en este terreno. Claro que es preciso hacerlo con sentido común, atacando los verdaderos problemas en sus raíces y no centrando excesivamente la atención en cuestiones que, siendo ciertamente un síntoma del problema, que habrá que tratar, no constituyen para nada un elemento nuclear del mismo. Me voy a referir aquí en concreto a uno de ellos, que viene siendo objeto en los últimos tiempos de una atención no sé si desmedida, pero en muchas ocasiones torpe: las manifestaciones de machismo en el lenguaje.


Estas manifestaciones han existido y todavía existen, como reflejo del verdadero problema, el menosprecio y la dependencia histórica de la mujer. Por eso se ha hablado siempre de “los hombres” para referirse al género humano. Por eso se ha dicho siempre, por ejemplo, que “los hombres y las mujeres del lugar estaban “consternados”, en lugar de “consternadas”. Por eso, cuando las mujeres empezaron a ir a la universidad y graduarse en medicina se empezó a hablar de ellas como “las médicos” en lugar de “las médicas”. Y así podríamos enumerar muchos otros síntomas de machismo en el lenguaje, una gran parte de los cuales han ido siendo, afortunadamente, corregidos. Estupendo. Bueno, estupendo cuando se hace con sentido común y no se incurre en exageraciones y despropósitos –a veces fruto de una osadía cimentada en la ignorancia- que, aparte de provocar el cachondeo de casi todos, despierta también, junto a la inevitable hilaridad, la preocupación de quienes, desde el conocimiento y el sentido común, pretenden abordar la cuestión con seriedad.


Justamente ayer, oyendo la radio al despertarme, escuchaba todavía medio dormido, que no se que entidad u organización feminista (insisto, todavía dormitaba) sugería que se obviara la utilización de “el gerente” o la “gerente” y se sustituyera por “la gerencia”. Y así con otras palabras semejantes ¡Qué horror! ¿Tan difícil les resulta entender que la palabra “gerente”, como tantas otras en castellano es tan femenina como masculina?. O, como nos decían a los de la vieja escuela, que es neutra en cuanto al género. Pues bien, no es más que una muestra entre muchas. Baste recordar a personas suficientemente conocidas –cuyo nombre omitiré, para no hurgar en la herida- que pretendían luchar contra el machismo en el lenguaje- hablando de “jóvenes y jóvenas” (por cierto, veo que el corrector, con buen criterio, me corrige subrayándome en rojo la palabreja), y más recientemente de “miembros y miembras” (maravilla, el corrector insiste). Por la misma razón supongo que hablarán de “adolescentes y adolescentas”, de aprendices y aprendizas, de líderes y líderas, de pajes y de pajas (con perdón), de calmantes y calmantas, de bañistas y bañistos (ahora que estamos en verano), de videntes y videntas, de rentistas y rentistos, de socialistas y socialistos, de sagaces y sagazas, de seniles y senilas, de fantasmas y fantasmos, de colegas y colegos, de imberbes e imberbas, de razonables y razonablas.


En fin, seamos razonables. Vamos a intentar enfrentarnos al machismo en todas sus manifestaciones, incluidas las que puedan todavía aparecer en el lenguaje, pero desde el sentido común y sin extravagancias absurdas, que para nada contribuyen a dar seriedad a la lucha por la igualdad real entre los sexos. Eso sí salvando la fantástica diferencia que nos resulta tan atractiva.


En fin, Un brindis por la igualdad y otro por la diferencia.


Buenos días y hasta la próxima.

viernes, 17 de julio de 2009

Preguntas con motivo de la violación múltiple de una menor

La noticia me ha conmovido, o por mejor decir me ha horrorizado. Un adulto y cinco menores violan uno tras otro a una niña-adolescente. Una vecina que lo ve tarda cinco horas en denunciarlo a la policía. Lo especial del caso es que los violadores non han utilizado esta vez la fuerza bruta, sino el chantaje moral hacia una niña que, por serlo, tiene miedo a que sus padres vean una grabación que le han hecho y que amenazan hacerles llegar.

Una vez leído en la prensa digital el contenido de la noticia, me he tomado la molestia de leer también algunos comentarios hechos al pie por internautas anónimos. Casi todos traducen conmoción, algunos claman venganza y muchos exigen un cambio radical en la ley del menor para que las tropelías cometidas por menores no sean castigadas con lenidad o incluso queden impunes. No faltan tampoco los que ponen el acento en la permisividad excesiva de los padres en la educación de los hijos, cuando no directamente en la dimisión de su irrenunciable compromiso para ponerlo en manos del sistema educativo; como si con ellos no fuera la cosa. Un grupo bastante numeroso estima que la base de estos comportamientos está sobre todo en la pérdida de algunos valores tradicionales como el respeto a la autoridad y la vinculación de sexo y afectividad, por citar sólo algunos. No faltan tampoco los que responsabilizan al gobierno por la promoción de leyes más consideradas con los derechos de los verdugos que compasivas con las víctimas. Por último, hay también bastantes que culpan a los medios de comunicación por la proliferación de programas en los que se ofrecen a los menores modelos poco edificantes: búsqueda del éxito por caminos fáciles, violencia verbal y física, sexo trivializado, etc. etc.

Hasta aquí lo extraído de los escritos de otros. En lo que a mi respecta, aparte del espanto por lo ocurrido, cuando se trata de interpretar los hechos y buscar atribuciones causales, como casi siempre, tengo más dudas y preguntas que respuestas y tiendo a pensar en una combinación compleja de casi todas esas causas, sin que resulte fácil calificarlas por orden de importancia.

Desde luego, aunque puedo entender la rabia de un padre o una madre en casos como el que nos ocupa, no creo para nada en la venganza, por más que algunos la justifiquen alegando que, si la ley deja impune al delincuente, algo habrá que hacer para que "no se vaya de rositas". Si no fuera suficiente el sentido ético para excluirla como herramienta, bastaría recurrir al sentido práctico. Venganza sobre venganza la sociedad caminaría ineludiblemente a su autodestrucción.

Hecha esta exclusión radical, creo que hay un largo camino por recorrer para intentar evitar que casos como este se repitan. Y creo que para hacerlo habría que actuar de forma combinada sobre todas las causas que, también de forma combinada, parecen estar contribuyendo a que tengan lugar episodios tan lamentables. Para ser fiel a mis propias inseguridades al respecto me limitaré a hacer algunas preguntas, que de algún modo llevan implíctas algunas sugerencias:

1. ¿Hasta que punto en el ámbito de la educación familiar se ha encontrado el equilibrio entre la formación para la libertad y la responsabilidad, por un lado, y la necesidad que los menores tienen de acompañamiento, de corrección y de límites, por otro?.

2. ¿Hasta que punto algunos padres, en su afán por proteger a sus hijos y darles comodidades, que ellos en algunos casos no han tenido, les han acostumbrado a tener con tal facilidad todo lo que desean, que luego les resulta frustrante renunciar a ello, aunque lo que deseen hayan de tomarlo por la fuerza?.

3. ¿Hasta qué punto en nuestra sociedad hemos sido capaces también de conciliar las exigencias de una sociedad escrupulosamente garantista y respetuosa con los derechos de todos, con el justo castigo del delito y la protección de las víctimas reales y potenciales?

4. ¿Hasta qué punto es posible que los complejos derivados del hecho de venir de una sociedad autoritaria no está en la base de un movimiento pendular, que de forma un tanto demagógica, ha inclinado la balanza hacia una legislación particularmente benévola con algunos delitos?

5. ¿Hasta que punto vivimos en una sociedad que ofrece a los menores modelos de comportamiento poco edificantes, orientados al éxito fácil y rápido, a la obtención del placer inmediato, o a la trivialización del sexo (incluso en edades cada vez más tempranas), como si en él no estuviera implicado ningún tipo de componente emocional o afectivo, o como si no requiriera, en consecuencia, un cierto grado de madurez?

6. ¿Hasta que punto los medios de comunicación no estimulan consciente o inconscientemente la imaginación de los menores, con sus innumerables programas dedicados al chismorreo, a los montajes de personajes de medio pelo, y al emcumbramiento de otros cuyos méritos se reducen al exhibicionismo de sus aventuras amatorias?

La cuestión es compleja. Las preguntas son muchas y de no demasiado fácil respuesta. Y sin embargo -o quizás por ello- es preciso que la sociedad se plantee, a diferentes niveles, una profunda reflexión con el fin de intentar que episodios como el aquí comentado se repitan una y otra vez.

Es todo por mi parte. Buenos días y buen ánimo.

miércoles, 15 de julio de 2009

Dos muertes evitables y el riesgo de un linchamiento moral

A contracorriente con matices


En las últimas fechas una cadena de errores y probablemente algunas negligencias han llevado a la muerte de forma sucesiva a una madre y a su hijo, de nacionalidad marroquí. Quiero creer que esto de la nacionalidad es una pura cuestión de azar y no de trato desigual; es decir, que esto mismo le podría haber pasado a una familia de nacionalidad española. De no ser así, a la tristeza y la compasión por estas dos muertes, al parecer perfectamente evitables, habría que añadir una seria preocupación por la sensibilidad ética de nuestra sociedad. Espero que no sea el caso.


Haciendo un poco de análisis resulta, cuando menos llamativa, la sucesión de idas y venidas al hospital de la primera víctima, sin que se diagnosticara convenientemente su dolencia (gripe A) y, en consecuencia, sin que se le aplicara el tratamiento indicado para superarla. Resulta difícil no pensar en algún tipo de falta de adecuación de los protocolos de los hospitales a la actual situación de pandemia y/o falta de finura en la aplicación de los mismos. Alguna responsabilidad individual y colectiva debe haber en este mal funcionamiento de lamentables consecuencias. Los medios de comunicación en general así lo han subrayado, aunque la mayoría de ellos sin cargar excesivamente las tintas.


Sin dejar de atribuir la importancia que tiene a esta primera muerte, quiero centrar especialmente mi atención en la segunda, la de Rayan, el niño recién nacido. Prácticamente todos los medios han recogido la noticia en lugares destacados y con grandes alardes tipográficos. Y casi todos lo han hecho, al menos en un primer momento, poniendo el acento en “un error terrorífico de una enfermera”, quizás recogiendo directamente lo del “error terrorífico” de las declaraciones tempranas del director del hospital.


Al escuchar los noticiarios de radio y televisión y al leer en la prensa esta primera noticia, pensé por supuesto en el dolor sobre dolor de la familia y en la fatalidad con que se ha visto golpeada doblemente en unos pocos días. Pero también me invadió un profundo sentimiento de compasión por la enfermera que reconocía su error como causa de la muerte del pequeño. Seguramente, aparte su familia más próxima, nadie habrá sentido más esta muerte que ella misma. No quiero, ni por lo más remoto, pasar por alto su error, y menos si ha existido algún tipo de negligencia; pero me parece sumamente exagerado hacer un subrayado tan grueso sobre su responsabilidad. Aun aceptando que no todos los despistes o errores que se tienen o cometen en el día a día en el ámbito laboral tienen los mismos efectos dramáticos, me gustaría que cada uno pensara en los que él mismo ha tenido o cometido y que, o han pasado desapercibidos o, en el peor de los casos, han tenido solo algunos efectos indeseados, pero no demasiado graves. Esa es la gran diferencia, por más que el despiste o el error se den en todos los casos.


Afortunadamente, a medida que pasan las horas y los días, los medios de comunicación han ido dejando de poner el acento en subrayar la responsabilidad individual de la enfermera en cuestión para insistir en los factores estructurales que han contribuido a convertir en irreversible un error humano. El primero, la existencia de dos tomas con el mismo calibre para conectar dos vías con distinta función: una nasogástrica para la alimentación del paciente y una intravenosa para la medicación. El segundo, la inexistencia de un dispositivo que hiciera saltar una alarma sonora cuando, eventualmente, se pudiera producir este error. Precisamente el hospital pensaba instalarla en fechas próximas. Si iba a hacerlo es porque consideraba previsible la posibilidad de un error humano del tipo del que desafortunadamente se ha producido.


Me limitaré a destacar estos dos aspectos, aunque también podría referirme a los desajustes estructurales de las plantillas de los hospitales, a los desplazamientos frecuentes del personal de unos puestos a otros y al peligro adicional que significa la concentración de las vacaciones del personal de plantilla en estos meses, lo que traslada responsabilidades no siempre bien medidas a personal poco experto.


¡Ojo! No quiero con esto exculpar a la enfermera en cuestión. La investigación de lo ocurrido depurará responsabilidades. Pero sí que me parece excesiva la forma en que se han cargado las tintas sobre ella, sin que se viera en la mayor parte de los casos un ápice de compasión.


Hasta aquí mi personal reflexión. Buenos días y hasta la próxima

sábado, 11 de julio de 2009

Sobre la propuesta de estabilidad del PNV


Leo en la prensa de hoy la noticia de que el PNV, a través de su presidente Iñigo Urkullu, ha presentado al PSE y al PSOE una propuesta para una legislatura con estabilidad institucional, referida en principio a las instituciones de gobierno propias del País Vasco (Gobierno, Diputaciones y Ayuntamientos), pero extensible a las instituciones de gobierno del Estado. Y todo ello con ánimo de dar una respuesta colectiva consensuada a las dificultades y retos que trae consigo la situación de crisis actual. Para tener una idea cabal del contenido fundamental de la propuesta he querido escucharla en la voz de quien la hace y aquí mismo dejo la dirección que he utilizado por si alguien lee estás reflexiones y quiere también hacerlo.

http://www.eaj-pnv.tv/iptb.php?language=es&idkatea=1

Quien haya seguido asiduamente las entradas de este blog, especialmente las que se hicieron en los aledaños de las elecciones autonómicas (antes y después de la configuración del nuevo gobierno vasco), tendrá muy clara mi posición francamente crítica con el PNV y con el propio Urkullu en esos días. Primero con motivo de su contumacia en proponer a un candidato como Ibarretxe, cuya deriva soberanista hacía inviable cualquier acercamiento conciliador entre dos mitades de la población vasca con sensibilidades muy diferentes relativas a la propia identidad y a la configuración política del país. Luego con sus desafortunadas declaraciones postelectorales, que presagiaban una actitud resentida como efecto del desalojo del poder, tras un periodo muy prolongado en el mismo. Recuerdo que en alguna de aquellas entradas consideraba con simpatía la posibilidad de que pudiera intentarse un gobierno de coalición improbable entre los tres partidos mayoritarios. Y ello en aras tanto de configurar un gobierno fuerte que fuera capaz de responder a los retos de la crisis económica, como de facilitar acuerdos entre partidos para llevar a la práctica una acción política trasversal, capaz de conciliar posturas y actitudes de tan diferentes sensibilidades, convirtiendo en mucho más llevadera y amable la convivencia en la discrepancia.

Siendo así, supongo que a nadie extrañará que me suene bien una propuesta en la que, por fortuna, y de forma excepcional, no se pone el acento en resaltar y acentuar las diferencias, sino en buscar puntos de encuentro para abordar los problemas importantes que afectan a la ciudadanía. Me suena bien que se hable de llegar a acuerdos sobre garantía para los servicios sociales, sobre a apoyo a empresas, sobre inversión pública como elemento tractor, sobre fiscalidad y sobre empleo; y todo ellos desde un compromiso de lealtad entre los firmantes de posibles acuerdos. Para ser sincero me asombra que, dadas las circunstancias actuales, no haya habido aún iniciativas sólidas, semejantes a ésta, presentadas por los partidos de gobierno, tanto del estado como de las autonomías; propuestas hechas con sinceridad, sin demagogia y con ánimo de llegar a acuerdos sólidos, sin contaminación de planteamientos raquíticos de carácter electoralista, pensando tan sólo en el beneficio de los ciudadanos, especialmente aquellos a los que la crisis actual está situando en los bordes, cuando no en los vertederos del sistema.

Me gusta esta propuesta, por lo mismo que me gustan todas las propuestas constructivas, todas las que invitan a la reflexión y el diálogo como instrumento para abordar los problemas. Y sin embargo, me temo que empezarán a ponérsele peros y obstáculos que le impidan progresar. Ya empiezan a aparecer: Que si es una propuesta que busca evitar la pérdida de la Diputación de Álava; que de lo que trata el PNV es de mantener la imagen de ser un partido de gobierno; que, si piensan así, por qué no hicieron la propuesta cuando estaban en el gobierno en vez de insistir tanto en la consulta (principal elemento de discordia), etc., etc. Y no voy a ser tan ingenuo como para pensar que no pueda haber algo de eso. Pero por qué no pensar que, desaparecido de la escena política el principal impulsor y catalizador de la obsesión soberanista de un sector del nacionalismo -léase Ibarretxe- salen a relucir en el PNV las posiciones más inteligentes y conciliadoras que, sin renunciar a sus planteamientos nacionalistas, entienden que, en el corto plazo, la situación de crisis actual exige consensos amplios para hacerla frente, y que, en el largo plazo, la sociedad vasca no puede vivir permanentemente tensionada por el radicalismo y exige de sus políticos, sean o no nacionalistas, una visión y una acción política de carácter trasversal que facilite una convivencia creadora.

Como conozco el percal, sé que algunos pensarán que soy un ingenuo. Tal vez. Pero para una vez que aparece una propuesta constructiva y conciliadora, que apela a la lealtad entre partidos, creo que nadie debería menospreciarla. Es preciso dar una oportunidad a la esperanza.

Nada más por hoy. Buenos días y hasta la próxima.