miércoles, 23 de septiembre de 2009

“No hay más que salir a la calle…..”


Estaba yo dudando de mi patriotismo. De repente me sorprendí fiándome de las estadísticas que aseguraban que nuestro PIB había experimentado las caídas más graves de la zona Euro y creyéndome, ingenuo de mi, los pronósticos de la OCDE que aseguraban que, desafortunadamente, nuestro país sería el último de la Unión Europea en salir de la crisis.


Menos mal que nuestro presidente salió enseguida al paso desmintiendo los hechos con palabras: “la recesión en España será menor que en otros países europeos” y la economía española no está en caída libre, “no hay más que salir a la calle para ver que no es así” (entrevista en Newsweek).


Brillante. En vez de aceptar humildemente que los datos han desmentido sus pronósticos ingenuamente (? ) optimistas del pasado, es capaz de pretender que sus palabras desmientan los datos (maravillas del poder).


Todavía más brillante: Salgan a la calle y vean que hay gente en las terrazas más “chic”. Vayan a la playa y vean que hay gente de veraneo. Y, ¿por qué no seguir?, vayan a los puertos deportivos y verán que hay gente que sale con sus yates de recreo, y a los restaurantes de lujo… y a los campos de golf. Claro que deben abstenerse de pasar cerca de cualquiera de las oficinas del INEM, o de fijarse en la cada vez mayor presencia de mendigos en las calles. Y, en todo caso no se fijen mucho en la falta de clientes en los comercios, ni en los bares con las barras desiertas. Y, por supuesto, no sean ustedes tan “tiquismiquis” como para andarse fijando en los datos. No sean derrotistas. Eso son minucias.


Buenos días y, pese a todo, buen ánimo

1 comentario:

Hilarión dijo...

De acuerdo, sólo en parte. Es evidente que la crisis española se inició antes, al menos si se mira a los datos que usan los economistas, tal como tuve ocasión de comprobar en una charla a la que asistí. También es cierto que el decrecimiento español es menor que el europeo de nuestro entorno. Pese a lo cual, la destrucción de empleo es mucho mayor. La causa es fácil: los primeros que se han ido a la calle sin indemnización de ningún tipo son los muchísimos empleados con contrato temporal, los cuales por otro lado creaban poca riqueza por cabeza. De ahí la relación entre menor pérdida de PIB y mayor crecimiento del paro. Y ello es fruto de que España gracias a todas las fuerzas vivas, empezando por los empresarios y sigiendo por los partidos mayoritarios apostaron por la especialización en una economía de productos exportables a base de bajos salarios, responsables de que hubiera mucha inmigración mientras seguía habiendo mucho desempleo en plena etapa de bonanza. Lo cual quiere decir que nuestra economía de semiperiferia ya no es válida.
Entonces es lógico que la sálida de la crisis profunda sea más a largo plazo que las restantes de los países desarrollados, y se parecerá más a la de Irlanda.
Claro, siempre que la salidad actual de la crisis de los países que están en cabeza sea sólida y que se consolide, lo cual está por ver.
Aquí, en España, tenemos un problema añadido: todavía no se han producido los ajustes que todo el mundo señala que necesita la banca, especialmente las Cajas de Ahorro. Su deuda sigue siendo enorme y sus problemas están lejos de haberse resuelto. Si estalla la crisis de la banca española en el proóximo curso, como algunos vaticinan, veremos entonces qué pasa con la salida de la crisis.
De todos modos, lo que está claro es que los que crearon la crisis, los financieros, de momento están saliendo con éxito, habiendola convertido en una nueva ocasión para seguir obteniendo beneficios.
Pero ya está suciendo que se desvía la atención de la cualpabilidad hacia quienes la están pagando, la inmensa mayoría, a los que ahora se convierte en los responsables de la no salida de la crisis, porque los empresarios, los partidos de derecha y la propia prensa mayoritaria, igualmente de derechas, incluido por supuesto, El País, culpa de no aceptar la reforma laboral, los presupuestos austeros, etc...
En fin, que seguimos estando en una batalla en que se enfrentan intereses, intereses, por supuesto, de clase, por más que este lenguaje digan que ha pasado de moda.