miércoles, 25 de marzo de 2009

Reflexiones en torno al aborto

LLevo unos días pensando incorporar en este blog algunas reflexiones personales sobre una cuestión tan debatida últimamente como el aborto. Para ser honesto, quiero aclarar de antemano que mis convicciones personales me hacen ser reticente frente al mismo salvo, como mal menor, en las situaciones en que corre peligro la vida de la madre y, con algunas reservas, en casos de embarazo producto de una violación, o cuando se detectan tempranamente en el feto malformaciones que podrían derivar en unas condiciones de vida que yo no desearía a mis peores enemigos. Acepto que esto último es demasiado poco concreto y con perfiles tan difusos que resulta extremadamente difícil concretarlo en la práctica. Es uno más de los aspectos de una existencia como la nuestra llena de dudas e incertidumbres y que, seguramente por ello, necesita algún tipo de regulación jurídica.

Se entenderá que estas convicciones me impidan asumir con naturalidad el desparpajo con que se habla del aborto como de un derecho de la mujer a disponer de su propio cuerpo. ¿Es realmente el feto una parte de su cuerpo como lo son sus manos y sus pies, como lo es su corazón y sus pulmones? Y, si así fuera, ¿no debería ser cuidado al menos en los mismos términos?. No seré yo quien intente dar una respuesta categórica a estas preguntas. Como casi siempre, vuelvo también a tener más dudas que certezas.

Tampoco creo que la interrupción voluntaria del embarazo pueda sin más argumentarse como la respuesta acomodada a una demanda o necesidad social. Seguramente existen respuestas mejores a los problemas y situaciones derivadas de embarazos no deseados, incluídos los embarazos de adolescentes. Antes deberían prevenirse con una buena educación sexual, después deberían acompañarse con medidas tendentes a favorecer las adopciones o, en su caso, a ayudar a las protagonistas con medidas orientadas a favorecer el cuidado y la educación de sus hijos. No diré que sea fácil, pero sí deseable y seguramente posible.

Quiero también dejar claro que -sin renunciar a mis convicciones, que no certidumbres-, no puedo estar de acuerdo tampoco con las afirmaciones categóricas de quienes identifican simple y llanamente cualquier interrupción del embarazo con un asesinato. La complejidad de las personas y de las situaciones que cada una vive me impiden hacer juicios de valor excesivamente severos sobre personas que pueden verse sometidas a presiones física, psíquica o socialmente difíciles de soportar. También me lo impide la misma actitud intelectual que está en el origen de este blog, declaradamente en contra de las afirmaciones rotundas y sin matices.

Precisamente esta mañana, rastreando en internet con ánimo de enriquecer mi propia visión sobre el tema, me he tropezado con un artículo del jurista mejicano Wenceslao Renovales, con cuyos puntos de partida -aunque no del todo con las conclusiones- me siento identificado. Parte de una frase de Voltaire con la que no puedo estar más de acuerdo: "la ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda". Continúa citando a Carl Sagan, quien en su libro El mundo y sus demonios afirma que "los humanos podemos desear la verdad absoluta, aspirar a ella, pretender que la hemos logrado. Pero la historia de la ciencia nos enseña que lo máximo a lo que podemos aspirar es, a través de una mejora sucesiva de nuestra comprensión, aprendiendo de nuestros errores, tener un enfoque asintótico (aproximación progresiva) del universo , pero con la seguridad de que la certeza absoluta siempre se nos escapará"

A partir de esta formulación, reivindica Renovales para el mundo científico el sometimiento a las siguientes reglas de ética racional, propuestas por Karl Popper:
  • El principio de la falibilidad: quizás yo estoy equivocado y quizás tu tienes la razón, pero es fácil que ambos estemos equivocados.
  • El principio de discusión racional: intentamos sopesar de forma tan impersonal como sea posible, las razones en pro y en contra de una teoría.
  • El principio de la aproximación a la verdad en una discusión que evite los ataques personales.
Como en otros tantos asuntos, también en este existen dos posturas hasta el momento irreconciliables: la que niega la calidad de individuo humano al embrión en tanto no se haya desarrollado el tejido nervioso, y la que concede personalidad al embrión desde la concepción, señalando que en ese momento comienza un proceso biológico sin interrupciones en el que se definen características fundamentales del ser humano, por lo que desde ese momento puede hablarse ya de un individuo de la especie humana. También afortunadamente algunos dudan y siguen buscando mejores respuestas.

Si las posturas de los expertos son tan diferentes y están tan distantes, no seré yo quien me arrogue la pretensión de sentirme seguro en un tema tan debatido en su ámbito. Mis convicciones tienen más que ver con la ética y se basan en el respeto a la vida humana cuando esta exista. Y, si en el ámbito de la ciencia la cuestión no está tan clara, me resulta duro aceptar que, en un terreno tan poco definido, tan resbaladizo y tan sensible como éste, se adopten posturas tajantes a menudo sin razones consistentes. Soy partidario, desde el intento de ser fiel a las convicciones éticas, de mantener y pedir una mente abierta en el respeto a las tres reglas de la ética racional de Popper. Es evidente que estas reglas están reñidas tanto con las atribución de la categoría de anticuados y fachas a quienes se oponen al aborto por razones éticas como con el calificativo de asesinos para quienes por razones sociales se manifiestan a favor bajo determinadas condiciones. ¡Ojo! Esto no quiere decir que no existan casos de lo uno y de lo otro. A mí particularmente me gustaría que nuestra legislación protegiera cuidadosamente el respeto a la vida humana allí donde exista y que los científicos, poniendo en juego todo su empeño desde la humildad, avanzaran hacia una formulación más precisa y aceptada del umbral de la vida humana. ¡Ah! Y que nuestros políticos no hagan demagogia con algo tan serio.

Buenas tardes y hasta la próxima

1 comentario:

Hilarión dijo...

Tu exposición, como todas, es muy mesurada, muy profesoral, muy matizada, como corresponde al conjunto de tu blog. Estoy tootalmente de acuerdo con ella.
Pero el debate no está propuesto actualmente en la sociedad en estos términos. Existe sobre todo una beligerancia absoluta por parte de la Iglesia institucional y de sus muchísimos seguidores, que usan los canales de comunicación disponibles para todo el mundo y además los suyos propios y casi exclusivos, como corresponde a una institución religiosa priveligiada, si no por la Constitución Española, sí por la acción gubernamental continuada hasta el día de hoy. Es en este tema en el que me parece que habría que matizar y precisar aspectos.
La propuesta de la Iglesia en torno al aborto se basa en principio, como corresponde a una religión, en ser una verdad sobrenatural, revelada por Dios, pero luego nos la quieren hacer pasar por ser una verdad natural, basada en el derecho natural, por cierto como hace con casi todas sus propuestas éticas. Esto es dar gato por liebre.
La segunda matización corresponde a su radicalidad en temas que tienen que ver con la sexualidad, de forma que parece que más que defender la vida, lo que defienden es la castidad y, si no se practica la castidad, que se peche con las consecuencias -hijos, SIDA...-, como si de un castigo o contraprestación pesada y negativa se tratase. En esta misma línea, llama la atención el poco ardor que pone la Iglesia en defender el desarrollo social, aquel que hace que la vida, precisamente la vida, sea de calidad, con sentido, con plenitud, dentro de las limitaciones humanos, por supuesto. Vemos a los jerarcas de la Iglesia desgañitándose contra el aborto, pero están prácticamente callados ante la crisis económica actual, que más bien es social, y que tiene un origen social claro. ¿Es que sólo le interesa a la Iglesia la vida sin más, la vida animal, incluso la vida simplemente vegetativa -ahí está el tema de la eutanasia- sin que se implique de verdad con las propuestas defensoras de la vida de calidad de todos los seres humanos? Quizás es que la Iglesia sigue pensando exclusivamente en que esta vida es un valle de lágrimas y que la única vida verdadera es la futura, la sobrenatural... O quizás se deba, más bien, a que muchos de los aspectos de su moral católica han sido asumidos por los grupos sociales y políticos de derechas y, en compensación, se les deja vivir tranquilos a estos grupos, por agredecimiento, aunque no tengan verdaderas preocupaciones de justicia social. Es decir, quizás su opción política -la de la Iglesia Católica española- es claramente de derechas, y por ello pagan un peaje, o simplemente se identifican con convencimiento con esas ideas, por más que sean, aparentemente, poco cristianas (ricos, camello y aguja...).
Una última cuestión concreta sobre el tema actual de las actitudes de la Iglesia Católica española. Me parece increíble que tenga la desvergüenza de agitar a las cofradías de Semana Santa en contra de la futura ley del aborto. Es evidente que si las cofradías llevaran a cabo tales gestos en contra del aborto en sus procesiones, éstas dejan de realizar actos religiosos y sus actos se convierten en actos de clara manifestación política, a la que no tienen derecho las cofradías como tales ejecutoras de actos religiososo. Su derecho a la libertad de expresión y a la manifestación la tienen, por supuesto, pero en actos convocados expresamente con tal fin, pidiendo permiso para recorrer calles, igual que lo tienen que pedir los estudiantes de Barcelona para manifestarse contra el Proceso de Bolonia. ¡Eh aquí un caso claro de un privilegio más de una institución que encima se siente perseguida por la actitud laica del Gobierno y de la ciudadanía!
Es mi punto de vista concreto sobre unas actitudes concretas.